Nvidia reporta al cierre de hoy y el mercado que espera ese número ya no es el mismo que lo vio llegar al primer billón

Hoy al cierre de la jornada en Wall Street, Nvidia entrega los resultados del segundo trimestre de su año fiscal 2027. Son los números más esperados de toda la temporada de earnings de 2026, y llegan en el contexto más complejo que esta empresa ha enfrentado como compañía pública. No porque su negocio esté mal. Porque ya no hay forma de ignorar la escala de lo que se está construyendo, ni las preguntas sobre si esa escala tiene límite.

Lo que el mercado espera cuando el mercado cierre

El consenso de Wall Street proyecta ingresos de $91.9 mil millones, un crecimiento del 97% interanual que duplicaría los ingresos de hace apenas un año. Las ganancias por acción ajustadas se esperan en $2.07 a $2.09. El mercado de opciones le asigna una probabilidad del 95% de que Nvidia supere esas estimaciones, coherente con su historial de guiar de forma conservadora y entregar por encima en cada reporte. La acción cotiza alrededor de $214 a $220 con un precio objetivo promedio de los analistas cerca de $305, lo que implica potencial de subida del 40% desde los niveles actuales.

Pero los números del trimestre que pasó son menos importantes que lo que Jensen Huang diga en la llamada de analistas sobre la guía para el tercer trimestre. Esa proyección es la que el mercado necesita para decidir si las estimaciones actuales para el año fiscal 2027 completo, que apuntan a ingresos superiores a $370 mil millones, son conservadoras o si ya son el techo.

La empresa que ya no solo vende chips

Lo que hace especialmente revelador este reporte no son los ingresos del trimestre sino la arquitectura empresarial que Nvidia construyó en los últimos doce meses. Huang no está construyendo un fabricante de chips. Está construyendo la infraestructura financiera y tecnológica del ciclo de inteligencia artificial.

En agosto anunció alianzas con seis de los mayores gestores de activos del mundo, Apollo, BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR, para movilizar más de $500 mil millones en capital de terceros destinado a financiar la construcción de centros de datos equipados con hardware de Nvidia. La lógica de ese movimiento es poderosa y sin precedentes: en lugar de esperar que los clientes consigan financiamiento para comprar sus chips, Nvidia está ayudando a crear el financiamiento. Convirtiendo los GPUs en activos de infraestructura que los fondos de inversión pueden financiar de la misma forma que financian autopistas o redes eléctricas.

Ese mismo mes firmó una alianza con Corning para construir tres nuevas plantas en suelo americano dedicadas a fabricar cables de fibra óptica para la nueva generación de centros de datos de Nvidia, que están migrando del cobre a la fibra para manejar el volumen de datos que los sistemas de IA de próxima generación requieren. Invirtió $2 mil millones en Marvell como parte de una alianza de fotónica de silicio. Otros $2 mil millones en Lumentum y Coherent, dos empresas de fotónica que van a fabricar los componentes de esa transición tecnológica. Y firmó acuerdos con IREN para desplegar hasta 5 gigavatios de infraestructura de centros de datos bajo el sello de diseño DSX de Nvidia a nivel global.

En paralelo lleva más de $40 mil millones invertidos en empresas a lo largo de toda la cadena de valor de la IA, desde los fabricantes de componentes hasta las empresas de nube que rentan su capacidad. Y garantizó hasta $250 mil millones en financiamiento de deuda para OpenAI para construir el campus de Ohio que analizamos la semana pasada. La estrategia es clara: Nvidia está creando y asegurando su propia demanda mientras sigue siendo el único proveedor de los chips que hacen posible esa demanda. Es simultáneamente el proveedor más importante y el financiador más activo del ciclo que sus propios chips están generando.

Hacia dónde va el sector de semiconductores

El sector de chips en 2026 es un sector que se está bifurcando en tiempo real. Por un lado, los chips de IA para centros de datos, donde Nvidia controla entre el 70% y el 81% del mercado según distintas estimaciones y donde la demanda de los hyperscalers sigue siendo suficientemente grande como para que AMD, Intel y los chips personalizados de Google, Amazon y Microsoft coexistan sin que ninguno quite cuota significativa a Nvidia. Por el otro, los chips de inferencia para dispositivos, el segmento donde los modelos de IA corren directamente en teléfonos, computadoras y automóviles sin necesitar conectarse a un centro de datos, donde Qualcomm, Apple con sus chips propios y los fabricantes de chips personalizados para móviles están construyendo negocios que no dependen de Nvidia.

La próxima batalla no es la de los chips de entrenamiento donde Nvidia domina. Es la de los chips de inferencia para el borde de la red, donde el consumo de los modelos de IA en tiempo real en dispositivos locales puede eventualmente reducir la dependencia de los centros de datos para ciertas aplicaciones. Ese es el horizonte a tres a cinco años que el sector está mirando y donde la concentración de Nvidia puede ser más vulnerable que en el presente.

Para los próximos doce meses el catalizador más importante del sector no es ningún reporte de earnings sino el despliegue de Blackwell, la nueva generación de arquitectura de chips de Nvidia que reemplaza a Hopper. Los hyperscalers están adoptando Blackwell en sus centros de datos y sus características de rendimiento van a determinar si el ciclo de actualización de infraestructura de IA de los clientes se extiende o se comprime. Si Blackwell cumple las promesas de rendimiento que Nvidia ha publicado, la demanda de chips nuevos puede mantenerse elevada durante otro ciclo de dos años antes de que llegue Vera Rubin, la siguiente generación ya en desarrollo.

La pregunta que nadie quiere hacer en voz alta

Aquí es donde la conversación se complica. Y es necesario tenerla con honestidad porque ignorarla no la hace desaparecer.

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En el año 2000 Cisco Systems era Nvidia. Era la empresa que vendía los routers y switches que hacían funcionar a internet. Cada empresa del mundo estaba comprando Cisco para conectarse a la red. Sus ingresos crecían a tasas extraordinarias. Su CEO John Chambers era la figura más celebrada de Silicon Valley. Y la acción cotizaba a 472 veces sus ganancias en el pico de marzo de 2000. Cuando la burbuja estalló, Cisco cayó 86% desde sus máximos. Y tardó más de veinte años en volver a esos niveles. Todavía hoy no los ha superado.

Las similitudes entre ese momento y el de Nvidia hoy son reales y no deben ignorarse. El índice de semiconductores subió 65% en lo que va del año hasta mediados de julio. El índice de valoración ajustado al ciclo del S&P 500 superó 40 veces ganancias, un nivel que solo se había alcanzado antes del colapso de las puntocom. Las diez empresas más grandes del mercado representan el 40% del valor total del S&P 500, una concentración mayor que la del año 2000. Y el gasto de capital combinado de las grandes tecnológicas en infraestructura de IA supera los $700 mil millones en 2026, un ritmo de inversión que el analista financiero más optimista del sector compara con la sobreinversión en fibra óptica que precedió el colapso de las telecomunicaciones en 2001.

Sin embargo las diferencias entre 2000 y 2026 son igualmente reales y requieren la misma honestidad. Nvidia tiene márgenes brutos del 75% y márgenes netos del 53%, ganancias que no existían en las empresas puntocom que quebraron. Sus ingresos de $215 mil millones en el último año fiscal son dinero real generado por clientes reales que compran hardware real para ejecutar aplicaciones reales. En el año 2000 Cisco cotizaba a 472 veces ganancias. Nvidia cotiza hoy a 26 veces sus ganancias proyectadas para el próximo año, un múltiplo elevado pero que está a una fracción de los extremos que se vieron antes del colapso. Y Microsoft, Meta, Google y Amazon, que están comprando los chips de Nvidia, los están financiando con flujo de caja generado por sus propios negocios, no con deuda o emisión de acciones.

La diferencia más importante entre las puntocom y hoy no es técnica. Es de rentabilidad. En el año 2000 el 86% de las empresas tecnológicas que cotizaban en bolsa no tenían ganancias. Hoy las empresas que lideran el ciclo de IA generan ganancias extraordinarias. Eso no hace imposible una corrección significativa. Lo que hace es que esa corrección, si llega, tendría un piso de valoración fundamentado en ganancias reales que el año 2000 no tenía.

Los tres escenarios que definen lo que viene

El escenario más probable, que es también el más aburrido de articular, es que el ciclo de IA continúa con más moderación de la que el mercado descontó en la primera mitad del año. Nvidia sigue entregando crecimiento de ingresos de entre 50% y 70% anual durante los próximos cuatro trimestres mientras Blackwell se despliega. Los hyperscalers siguen invirtiendo pero con más disciplina en sus guías de capex. El mercado de chips sigue siendo el sector de mejor desempeño del mercado pero sin los movimientos de 100% o 200% en seis meses que tuvieron Micron o SK Hynix en el primer semestre. La inflación cede gradualmente, la Fed recorta tasas una o dos veces antes de fin de año y los índices cierran 2026 cerca de sus niveles actuales.

El segundo escenario, que es el que Michael Burry y otros contrarios están apostando, es una corrección de entre 20% y 30% en el Nasdaq desde los máximos actuales antes de que termine el año. El detonante no sería necesariamente un mal reporte de Nvidia. Sería la acumulación de señales que ya están presentes: bonos a 30 años en máximos de 19 años, deuda del gobierno superando los $40 billones, inflación que no cede con la velocidad que el mercado necesita para que la Fed actúe, y concentración de posiciones en los mismos activos de momentum que es exactamente el tipo de posicionamiento que se liquida de forma abrupta cuando cualquier catalizador negativo llega. En ese escenario Nvidia puede ceder entre el 25% y el 35% desde sus niveles actuales sin que su negocio cambie fundamentalmente.

El tercer escenario es el alcista extremo y es el que Jensen Huang ha estado describiendo en cada aparición pública. La demanda de infraestructura de IA alcanza un billón de dólares anuales antes de 2030. Los robots físicos, la conducción autónoma, los agentes de IA y los sistemas de computación cuántica que usan chips de Nvidia como base se convierten en mercados comparables en tamaño al de los centros de datos actuales. Y Nvidia se convierte en la empresa más valiosa de la historia, superando los $10 billones en capitalización de mercado en ese horizonte. Ese escenario no es imposible. Es el que las posiciones de los fondos institucionales más grandes del mundo están descontando cuando compran NVDA a $220.

Lo que hay que escuchar esta noche específicamente

Más allá de los ingresos y las ganancias, hay cuatro elementos de la llamada de analistas de esta noche que van a definir cómo reacciona la acción en el after hours y cómo abre el mercado mañana.

Primero, la guía para el tercer trimestre. Nvidia guió $91 mil millones para este trimestre y llegará cerca o por encima. La pregunta es si guía $95, $100 o $110 mil millones para el tercer trimestre. Cada uno de esos números implica una trayectoria diferente para el año fiscal 2027 completo y para las estimaciones de 2028.

Segundo, el estado del despliegue de Blackwell. En el trimestre anterior hubo problemas de producción con los racks de Blackwell que retrasaron algunos envíos. Si Huang confirma que esos problemas están resueltos y que el despliegue está acelerando, el mercado lo va a leer como una señal muy positiva sobre los ingresos del segundo semestre.

Tercero, cualquier comentario sobre China. Las restricciones de exportación a China eliminaron un mercado que representaba más del 20% de los ingresos de Nvidia hace dos años. Si hay cualquier señal de que esas restricciones pueden modificarse como parte de los acuerdos comerciales entre Trump y China que están en negociación, el impacto en la trayectoria de ingresos puede ser significativo.

Cuarto, la mención de las alianzas con Apollo, BlackRock, Blackstone y los demás gestores de activos para los $500 mil millones en financiamiento de infraestructura. Si Huang puede dar números concretos sobre cuánto capital se ha comprometido a través de esas plataformas y cuántos centros de datos están en proceso de financiamiento, ese número cambia la percepción sobre la visibilidad de ingresos futuros de la empresa.

Hoy Nvidia no solo reporta un trimestre. Le dice al mercado si el ciclo de inversión más grande en la historia de la tecnología tiene más por delante o si está llegando a su fase de madurez. Y esa respuesta, cualquiera que sea, va a mover al Nasdaq, al S&P 500 y a todo el ecosistema de chips en una dirección que el mercado va a recordar durante meses.

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